El diálogo que se produce entre el hombre y la mujer en el baile del tango y la influencia del entorno sobre la expresión de la danza, está en constante evolución. Es en esta relación con el otro y con el medio, donde nace la posibilidad de experimentar un tipo de vínculo distinto al habitual. Distinto en el sentido de que todo se desarrolla con fluidez, con perfección, desde el primer día que uno dió, da o dará sus primeros pasos.
Donde lo que antes se consideraba un error, ahora se convierte en ventaja u oportunidad. Y donde uno mismo y el compañero o compañera con quien a uno le toca bailar, comienzan a percibir que la magia del baile es muy natural y simple para el cuerpo. Mucho más de lo que uno esta acostubrado a creer. Y es asíi como de a poco, comenzando a descubrir la naturaleza de nuestro cuerpo y la comunicación con el otro, como se empieza a liberar el bailarín de sus autoimpuestas limitaciones.
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